viernes, 27 de agosto de 2010

Saló o los 120 días de Sodoma

 

Perturbadora, del modo en que no puedes dejar de ni de ver, ni de no ver. Pasolini cruzó cualquier barrera de censura, entremezclando arte, filosofía, critica a la moral y política, con despliegue de violencia sin par, cocina una pasta provocadora delirante y francamente tortuosa de probar.

Rodada en 1975, es película singular y de las pocas que se aventuran a cruzar todos los límites de lo permisible (aunque si textos del Marqués de Sade que podíamos esperar); los diálogos de los perversos que se deslizan al oído en un italiano melódico, pulcro y enérgico, sin embargo, las imágenes explicitas y con alto contenido simbólico (claro de eso te enteras después que te pasa el los primeros microsegundos de shock) no hacen ninguna concesión, sólo algunos alejamientos de cámara que se agradecen bastante.

Es una crítica y una osada producción que según corre el chisme le costó hasta la vida a su realizador. Si no aguantas a tus amigos en su peor viaje por su lado oscuro, piénsatelo 2 veces.

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